Ya nada es lo que era (der_ketzer) wrote in sorrowland,
Ya nada es lo que era
der_ketzer
sorrowland

  • Mood:

A las doce de la noche, mientras las gotas caían sobre los faroles de la calle, fragmentándose en miles de partículas misteriosamente visibles, Jackie corría, preocupada. Intentaba mantener el equilibrio mientras miraba hacia atrás, para cerciorarse de que nadie la seguía. La oscuridad la escondía, la protegía, pero su vestido blanco la delataba...

John Barcley trabajaba en una fábrica textil. La empresa no iba mal, pero su sueldo si. El maldito capitalista desenfrenado de su patrón, Sir Studdemaker, no le importaba mucho sus empleados. No tenían seguro, no tenían sueldos reales, nisiquiera suficientes como para mantener una familia como la de el. El señor Barcley tenía una bella esposa. Pero la tenia, porque murió de tuberculosis un año antes de que el entrara en la fabrica. Y precisamente esta muerte fue la causante de que tuviera que obligarse así mismo a la esclavizante labor del empleado, en esta época de la tierra. Era como si por culpa de la muerte de su esposa, el se quisiera flagelar, y como no tiene el valor de hacerlo por si mismo, consiguió trabajo en la fabrica. También tenia una hija, que por aquel entonces vivía con el. Su nombre era Jackie. Una hermosa morocha. Alta y de pelo lacio brillante, que parecía eternamente lavado por los mejores peluqueros del país.

Una tarde, John, salio de su casa al trabajo. Camino tres cuadras por la calle de tierra que siquiera se dignaba a tener nombre, doblo la esquina, saludo al zapatero, y camino otra cuadra más. Sus ojos se abrieron casi tanto, como para que toda la negra fachada de la fabrica, con sus dos chimeneas a ladrillo descubierto, cuyas puntas tocaban las nueves contrastando con aquel blanco celestial, cuando vio lo que en letras rojas estaba escrito en el gran portón: “no volverán a abrir esta fabrica de esclavitud, hemos asesinado al señor Studdemaker y a toda su familia” Las piernas temblorosas parecían que no iban a soportar al pobre hombre. El no necesitaba el trabajo. El no necesitaba el dinero, y mucho menos le importaba ese hipócrita capitalista, pero una muerte a alguien que al menos físicamente creía cercano, le aturdía su pensamiento. Camino hasta su casa una vez mas, pensando, tal vez, en nuevas formas de sacarse su culpa, por la muerte de la esposa, claro.

Cuando llego a su casa, por la hora que era, no podía esperar comida. Su hija le dejaba la comida preparada para que cuando volviera no tuviera que hacer mucho, pero al menos esperaba un saludo de Jackie. Nada recibió...

A las doce de la noche, mientras las gotas caían sobre los faroles de la calle, fragmentándose en miles de partículas misteriosamente visibles, Jackie corría, preocupada. Intentaba mantener el equilibrio mientras miraba hacia atrás, para cerciorarse de que nadie la seguía. La oscuridad la escondía, la protegía, pero su vestido blanco la delataba. Camino tres cuadras, doblo la esquina, se fijo que el zapatero no la viera. Camino otra cuadra hasta la negra fábrica. En la oscuridad, ese negro profundo parecía siquiera manchar la noche. Cruzo un pequeño pasillo que se formaba entre la fábrica textil y una casa burguesa contigua, que le dio acceso al ala trasera de la fábrica. Bajo una escalera oxidada y endeble que se encontraba en una esquina prácticamente camuflada, inclusive de día. Fueron al menos, unos 40 escalones. Y en el último pedestal, estaba el picaporte de una puerta. Al entrar se encontró con una vieja cama. Arriva se encontraba el señor Studdemaker. Ella comenzó a desvestirse. El extrajo de su bolsillo un saco lleno de monedas de oro sólido. Suficiente como para mantenerse durante otro mes. Cuando ella subió un pie sobre la cama, ocho personas irrumpieron en la habitación. Apuntaron con un rifle al maldito capitalista. En ese momento, por la no tan pequeña puerta, otros tres hombres entraron con los dos hijos y la esposa de Studdemaker. Los pusieron contra la pared. Y mientras el dueño de la fábrica miraba, otro de los hombres, les empezó a disparar a ellos y a Jackie. Fue una forma muy cruel. Primero un balazo en una pierna, luego en otra, y cuando se estaban revolcando en el suelo, les cortaban la garganta con una navaja. Todo esto solo para torturar al hipócrita. Una vez terminado esto, un tiro en la cabeza esperaba al señor Studdemaker. Nadie sabía lo que estaba pasando, así que los asesinos tuvieron todo el tiempo disponible para pintar un letrero en la puerta de la fábrica e irse.

 

  • Post a new comment

    Error

    default userpic
  • 0 comments